
Dirección técnica de los trabajos
Tácito (Ann. 12-20) menciona el uso de soldados como técnicos
en las minas de Germania, y añade que lo mismo sucedía en
otras provincias.
Ya hace años que Domergue recaba la importancia del ejército en las explotaciones mineras, cuyo papel era, no sólo de pacificador de la gran cantidad de mineros, esclavos o libres, sino de ingenieros. En las cercanías de las Arrugies del Teleno, se localiza la administración de las minas de la región y un destacamento militar de la Legio VII Gémina mandado por un centurión. (Blázquez, J.M. Roma. Agricultura y minería romanas durante el Alto Imperio).
Explicaré
a hora el modo de conducir el agua
: para cuyo efecto la primera diligencia
será la nivelación.
Execútase ésta con las dioptras, con niveles de agua, ó
con el corobate; pero mas exactamente se executa con éste, porque
las dioptras y niveles engañan. El corobate es una regla larga hasta
veinte pies (corobate o chorobates es voz griega, compuesta de chora, que
significa pais o región; y de bater o báteo, que es andar
ó caminar, ó que anda y camina; como si dixera, un nivel
que anda el campo ó region que se nivela): tiene á los estremos
sus piernas exactamente iguales, y unidas con ella a ángulos rectos.
Entre la regla y las referidas piernas van unos travesaños unidos
á ellas por los cabos, los quales tendrán señaladas
líneas perfectamente á plomo, y desde la regla colgará
un perpendículo á cada parte, los quales, si colocado el
instrumento, besan igualmente las líneas descritas, indicarán
que está a nivel.

Pero si el viento
no dexare posar las perpendículas sobre las líneas, entonces
se llenará de agua una canalita que tendrá la regla en la
parte superior, larga cinco pies, ancha un dedo, honda dedo y medio, y
si llega igualmente á los bordes de la canal, se sabrá que
está á nivel. Con este corobate, se hará la nivelación,
y se sabrá el declivio.
ORTIZ
Y SANZ, J. "Marco Vitruvio Polión - Los Diez Libros de Arquitectura"
- 1787. Editorial Akal - 1987
El chorobates estaba formado por una regla de veinte pies de largo (casi 6 m.) con patas, dotada de plomada y nivel de agua para su nivelación y que actuaría como un nivel actual, permitiendo una mayor precisión que otros aparatos topográficos, como la dioptra o nivel de pínulas, para trazar las visuales, ya que sus dos puntos de mira se hallaban más distantes.
Los sistemas de explotación
La descripción de Plinio el Viejo (23 - 79 d.c.) es suficientemente ilustrativa del trabajo que requería realizar la ruina montium.
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En efecto, existe una tierra de cierto tipo de arcilla mezclada con guijarro, la llaman 'gandadia" (o 'gangadia'), casi inexpugnable. Se la ataca con cuñas de hierro y con los mismos mazos (de 150 libras de peso, -casi 50 kg-, y nada es más duro, sino aquello que resiste más que todas las cosas, la avidez de oro.
Acabado el trabajo de preparación, se derriban los apeos de las bóvedas desde los más alejados; se anuncia el derrumbe y el vigía colocado en la cima de la montaña es el único que se da cuenta de él. En consecuencia da órdenes con gritos y con gestos para poner en aviso a la mano de obra y a la vez, él mismo baja volando.

La montaña, resquebrajada, se derrumba por si misma a lo lejos, con un estruendo que no puede ser imaginado por la mente humana, así como con un increíble desplazamiento de aire. Los mineros victoriosos contemplan el derrumbe de la Naturaleza. Pero ni aun así se ha conseguido el oro, ni se sabe si existe una vez han realizado la excavación,...
Las tierras que en el anterior sistema (el de los pozos o minería convencional) se evacuan con gran trabajo para que no ocupen los pozos, en éste (el de la ruina montium o arrugia) son transportadas por el agua. El oro obtenido mediante la arrugia no se funde sino que es oro al instante...
Algunos dicen
que se producían 20.000 libras cada año por este sistema
en Asturia, Gallaecia y Lusitania, pero la mayoría lo produce Asturias
y que en ninguna otra parte se mantiene esta fertilidad por tantos siglos.
(Plinio
el Viejo, Historia Natural, 93, 70-7S)
Los trabajadores
Tablilla dácica: Alquiler de jornadas de trabajo para una explotación aurífera (fol.55)
En el consulado de Macrino y Celso (164 d.c.), trece días antes de las calendas de Junio. Lo escribí yo, Flavio Secundino, a petición de Memio, hijo de Asclepio, porque afirmó que no sabe escribir. Dijo que había alquilado sus jornadas de trabajo (operae) a Aurelio Adjutor, para una explotación aurífera, desde el día de la fecha hasta los próximos idus de noviembre, en 70 denarios y la comida. Deberá recibir el salario fraccionado en varios plazos. Deberá realizar jornadas de trabajo completas, sin deducciones por enfermedad, en favor del contratista (conductor) antes mencionado (es decir, Aurelio Adjutor). Si contra la voluntad del contratista, interrumpe su trabajo o abandona la explotación, se le descontará del salario cinco sestercios por cada día. Si las corrientes de agua impidieran trabajar, la jornada se considerará válida. Si transcurrido el plazo, el contratista se retrasara en el pago, estará sujeto a la misma penalización, salvo que la explotación se haya interrumpido tres días.
Firmado en Imenoso Mayor.
Firman el trabajador (Memio, hijo de Asclepio) y los socios del contratista: Titio, hijo de Beusante, apodado Bradua, y Socratión, hijo de Socratión.
FIRA III, n.150
Entre los años 29 y 19 a.C. fue cuando tuvo lugar la
actividad de conquista más importante en los territorios cántabros
y astures. Entre estas fechas (posiblemente hacia los años 26 y
25 a.C.) debieron de desarrollarse algunos de los episodios descritos por
los autores antiguos (el ataque a la costa cántabra, la toma del
Mons Medullius y de Lancia). Sin embargo, la prolongación de las
guerras hasta al menos el 19 a.C., y aún la situación inestable
hasta el cambio de era, sugieren un costoso proceso de control real de
la zona. Parece lógico pensar que en este período fue cuando
El Bierzo, paso necesario hacia Galicia, cayó en manos de los romanos.
Sin embargo, la conquista del noroeste, y, por tanto, de El Bierzo,
no puede ser explicada como una serie de batallas locales, que terminaron
con el sometimiento de la zona, sino que debe de ser entendida en el marco
global del Imperio: por una parte, supuso un momento esencial en la política
de fronteras del emperador Augusto, empeñado en agrandar y dar coherencia
territorial al Imperio, sin lagunas sin civilizar en su interior. Pero
además, no podemos ignorar el interés despertado por el descubrimiento
de las riquezas minerales de la región y sobre todo del oro. Aunque
es seguro que las comunidades prerromanas astures y galaicas no explotaron
los yacimientos de oro a gran escala, ni de una forma regular, tampoco
cabe ninguna duda acerca de la obtención del metal mediante el bateo.
Incluso como trabajo estacional o limitado a ciertos segmentos de la población,
esta actividad permitió el desarrollo de una orfebrería relativamente
rica, en especial en las zonas costeras y en áreas concretas del
interior del norte de Portugal, Galicia y Asturias. A partir de estos indicios,
los romanos debieron de interesarse por este recurso, y empezaron a realizar
prospecciones sistemáticas, de forma que, en la primera década
del siglo I d.C., en la región de Astorga, ya se habían puesto
en marcha algunas grandes explotaciones.