El B ierzo Prerromano

Las comunidades anteriores a la presencia romana en El Bierzo, y en la Zona Arqueológica de Las Médulas, eran asentamientos castreños, y por lo tanto su núcleo de población era el castro; es decir, un poblado fortificado asentado en una posición topográfica dominante, como El Castrelín de San Juan de Paluezas. Como en este caso, los antiguos pobladores de El Bierzo eligieron cerros o espolones aislados desde cuya parte alta se puede dominar visualmente todo su entorno más inmediato. Esas alturas elegidas como emplazamientos presentan siempre unas condiciones topográficas fácilmente acondicionables, de forma que no resulte muy costosa la tarea de excavar los tesos y levantar las murallas que son comunes en estos castros. Así se logra un recinto cerrado, delimitado y protegido en cuyo interior es fácil construir las viviendas, almacenes, graneros...

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Nunca son castros muy grandes -su superficie oscila entre una y dos hectáreas- y albergan a grupos poco extensos, en torno al centenar de personas, y a sus animales domésticos. En ocasiones, como es precisamente el caso de El Castrelín, un primer recinto se hacía pronto pequeño para el grupo; se construía entonces un segundo recinto hacia donde se trasladaban algunas de las labores de carácter secundario, como la estabulación de ganado o la fundición de hierro.

Desde ese reducto de acceso relativamente difícil y con buenas condiciones de habitabilidad (como son una óptima insolación o la proximidad a una fuente de agua), se podían dominar visualmente las tierras que dedicaban al cultivo, en las que se basaba su subsistencia. Esos terrenos en las vegas de los ríos o arroyos no sólo eran necesarios en su economía de base agropecuaria sino que constituían un factor importante a la hora de elegir el emplazamiento del castro.